Packrafting, porteo de bici y descenso en MTB: una aventura 3 en 1

Bikerafting. Suena bien, ¿verdad? Cuando mi intrépida amiga Nikki Read me propuso una aventura multideporte, no me pude resistir. ¿Cómo decir que no a una mezcla explosiva de packrafting, mountain biking y acampada libre? Ahora, a orillas del lago Coniston y con el estómago del revés ante la idea de surcar sus aguas, me doy cuenta más que nunca de que lo mío es el MTB. Mi aventura ideal consiste en meter lo imprescindible en las bolsas de la bici para no pasar frío por la noche y perderme por senderos y pistas de zonas donde nunca haya estado en busca de alguna que otra trialera.

Todavía no habíamos empezado y ya me sentía con el agua al cuello (literalmente). A la sensación de mareo se sumó una horrible imagen que no me podía quitar de la cabeza: mi bici hundiéndose en las profundidades del lago Coniston. Para mí, la diversión empezó cuando llegamos a tierra firme, montamos las bicis e iniciamos el ascenso.

Nuestra aventura en el Distrito de los Lagos (Inglaterra) tenía tres partes. La primera era cruzar el lago Coniston a remo con las bicis y el equipo cargado en packrafts. La segunda consistía en portear las bicis y ascender por laderas hasta un sitio precioso donde acampar para pasar la noche. En la última parte, descenderíamos en MTB por senderos para acabar en el mismo punto donde empezamos.

Una vez que atracamos al otro lado del lago, nos reunimos con la superaventurera Jenny Nuttall. Colocamos el equipo en las bicis y comenzamos a pedalear hacia el lago Goat’s Water. Avanzamos por el sendero hasta entrar en una vereda, donde la pendiente se puso seria y tuvimos que echarnos las bicis al hombro para seguir a pie. El ascenso por el terreno pedregoso fue brutal, sobre todo por el peso de la bici, que llevaba encima todo el material de acampada.

Pero el esfuerzo mereció la pena en cuanto llegamos arriba y vimos el idílico paraje donde íbamos a montar las tiendas. Como sacado de una postal, Goat’s Water, con forma circular y enmarcado por laderas verdosas, es el típico lago de montaña inglés de origen glaciar. Una vez asimilada tanta belleza y con la respiración de vuelta a su ritmo normal, empecé a analizar el terreno para encontrar un sitio sin rocas y medianamente nivelado donde poner mi minúscula tienda. Se acercaba la hora de cenar, así que la instalación fue bastante rápida.

Poco después, empezó a llover, pero tres intrépidas como nosotras no se achantan por un poco de agua, así que buscamos una enorme roca donde protegernos y nos apiñamos en torno a los hornillos para, pocos minutos después, disfrutar de un pastel de carne calentito. Una hora más tarde, con el estómago contento y la bolsa de agua caliente llena (una pequeña que me prestó la madre de una amiga: una de las mejores ideas que he tenido en mi vida), me retiré a mis aposentos. La lluvia alcanzó proporciones bíblicas durante la noche; sonaba como si alguien estuviera apuntando a la tienda con una manguera de agua a presión y golpeando las paredes con una fregona.

Me complace decir que amanecí sana y salva y, para mi grata sorpresa, seca. Después de todo, quizás la mejor idea que he tenido en mi vida no fue traer la bolsa de agua, sino rociar mi tienda de 48 £ con un spray impermeabilizante y EN VEZ DE retirar el exceso de líquido que quedó en la superficie, dejar que se secara.

Antes de abrir la cremallera, tramé un plan para salir, recoger el equipo a toda mecha y empezar a descender sin ser arrastrada por la lluvia en el intento. Con un croquis mental claro, salí de la tienda y fui a reunirme con Nikki y Jenny, que estaban de muy buen humor y la lluvia no parecía afectarlas lo más mínimo. Ellas también habían ideado un plan de acción, al que me sumé encantada. Ya solo quedaba la tercera parte, la más divertida: estábamos a un descenso sobre dos ruedas de un refugio seco y un plato de comida caliente.

Como era de imaginar, la ruta que seguimos el día anterior se había convertido en un río, así que nos empapamos de arriba abajo durante el descenso. Pero, poco a poco, la lluvia empezó a dar tregua y pudimos ver una chispita de sol entre las nubes. ¡Qué subidón! Justo lo que necesitaba para el último empujón por un terreno supertécnico con rocas y escalones con unos salientes de miedo. Me encanta descender por sitios difíciles, así que, a pesar de ir calada hasta los huesos, disfruté a tope tratando de buscar la mejor trazada posible y llevar la bici exactamente por donde quería. Mover una bici tan cargada fue una dificultad añadida, pero la tímida presencia del sol, las espectaculares vistas y el largo y divertido descenso me dieron la fuerza que necesitaba.

Cuando llegamos al sendero, el resto de la ruta fue un auténtico placer. Bajamos hasta el lago Coniston por una pista empinada, pero ancha: un enorme alivio para los brazos después del accidentado terreno anterior. Y para culminar una hazaña tan inglesa, nada mejor que un potente «English breakfast» y una promesa por mi parte de embarcarme en nuevas aventuras, ¡siempre que no haya packrafts de por medio!

Fotos: Nick Kowalski
Texto: Kelly Emmerson

Kelly usó los mapas específicos para cada deporte y el planificador de varios días de Premium para encontrar los senderos y planificar el viaje.

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