El retorno a las dos ruedas tras un parón obligado

Un choque con un camión, una fractura en la rodilla y una operación para colocar una placa de titanio. Un embarazo, un parto traumático y los preparativos que conlleva salir de casa con un bebé a cuestas.  

A simple vista, estas dos historias no tienen nada en común, ¿o quizás sí? Dos embajadores de komoot nos cuentan un enorme cambio en su vida que tuvo la misma consecuencia:  

Tenerse que bajar de la bici durante una buena temporada.   

A las personas que montan en bici por placer y para estar en forma, les sienta como un jarro de agua fría la sola idea de verse obligadas a dejarlo. Pero las cartas con las que tenemos que jugar la partida de la vida son las que son y, a veces, te toca un recién nacido, un problema de salud mental o una lesión, y tienes que lidiar con ello.  

Charlamos con Sofiane Sehili, ciclista de ultrafondo, y con Kelly Collinge (Kell, Bell, and bikes), líder de la comunidad de MTB, de cómo es volver a subirse a la bici después de un parón obligado.

Situaciones vitales que te hacen bajarte de la bici

En diciembre de 2020, Sofiane iba pedaleando por París cuando, de repente, se estrelló contra la parte de atrás de un camión. La fractura de rodilla y el posoperatorio lo dejaron fuera de combate durante más de tres meses. Se quedó hecho polvo, pero más que la decepción en sí, para Sofiane el mayor escollo fue salir del agujero mental donde se metió durante ese tiempo muerto.  

“El accidente fue una experiencia muy traumática. Me dio por pensar en la placa de titanio que me pusieron en la tibia, y en cómo iba a durar más que mi propio hueso. Aunque parezca contradictorio, el llevar algo inalterable en el cuerpo me hizo tener muy presente mi condición de mortal”.  

Sofiane se mostró muy abierto durante la recuperación, por ejemplo, compartiendo su progreso en redes y hablando sin tapujos del desgaste emocional que tuvo el accidente. Dejó claro que estas emociones son inevitables, pero encontró un mecanismo para gestionarlas: centrarse en las cosas que sí podía controlar.  Las sesiones de rehabilitación se convirtieron en un punto de apoyo clave y se tomó muy en serio los ejercicios de fisioterapia, a lo que se entregó en cuerpo y alma. También trabajó la fuerza del tren superior para mantenerlo en forma.  

Ahora, ya recuperado oficialmente, Sofiane compara el proceso con una carrera de bikepacking (y los inesperados y maravillosos obstáculos que te depara el sendero): “La clave está en seguir avanzando. Si no te detienes, acabarás llegando a la meta”.  

La historia de Kelly es distinta. Durante los meses de gestación, tuvo que bajar la intensidad de sus salidas en bici y limitarse a bosques cercanos y senderos llanos: nada de trialeras ni subidones de adrenalina. Después de un embarazo tranquilo, la cosa se puso fea con el parto y tuvieron que hacerle una cesárea de urgencia, de la que, por suerte, salió un bebé sano (y muy guapo).

Esta experiencia fue bastante traumática y Kelly reconoce que, entre la falta de sueño y el posoperatorio, subirse a la bici habría sido una misión imposible. Pero no poder hacerlo fue muy duro: “Antes, cuando estaba estresada por algo personal o del trabajo, sacaba la bici y me iba a dar una vuelta, pero después de una cesárea, no podía casi ni andar…”. 

Kelly está encantada con la maternidad desde el momento en que nació el pequeño Atlas, pero después de cuatro meses, no hay duda de que echa de menos salir en bici cuando le apetece (por no hablar de que su cuerpo no está tan en forma en las subidas como antes del embarazo). Pero, al igual que Sofiane, no se obceca con las cosas que ya no puede hacer: “Cuando siento la necesidad de salir, pero no puedo, abro komoot para planificar la próxima ruta y curioseo lo que andan haciendo los demás. Me encanta ver las rutas y el progreso de mis amigos en las redes sociales”. También dice, y con razón: “Los senderos no se van a ir a ninguna parte, es lo que me digo a mí misma. Estoy en pausa, y cuando llegue el momento de darle al play otra vez, disfrutaré igual que antes”.

El regreso a los pedales

Sofiane logró “llegar a la meta” y Kelly le volvió a “dar al play” y, actualmente, ambos han vuelto a montar en bici. Sin embargo, retomar el ciclismo después de un período de inactividad no es tan sencillo. 

Los dos tienen que hacer frente a los cambios físicos que ha supuesto este parón, sin olvidarnos de la carga emocional que conllevan dichos cambios.

Kelly arrastra un cansancio constante: además de estar en peor forma, la lactancia requiere energía adicional. Y para colmo de males, están las noches en duermevela y los interminables preparativos que conlleva salir de casa con una personita de pocos meses (el horario de las tomas, los pañales…). Pero la cosa va mejorando: “Salgo con la bici dos veces por semana y, apurando mucho, a veces tres. Es complicado desde el punto de vista logístico, pero también emocional: me lo paso tan bien con mi peque que me cuesta horrores separarme de él”.

Sofiane también sigue pagando las consecuencias del accidente: “Me siento en forma y soy capaz de hacer rutas largas, muy largas, incluso. Hace poco he recorrido 600 km en 24 horas, pero sigo notando la pierna izquierda más débil que la derecha. Tengo que fortalecerla con otros ejercicios aparte de la bici. Y la rodilla se resiente un poco después de los entrenamientos intensos. En general, he mejorado un montón, pero todavía no estoy al 100 %”.  

Ambos mencionaron cómo estas experiencias han hecho mella en su seguridad en sí mismos.  Sofiane se siente más inseguro con la bici en zonas con tráfico y no lleva nada bien ir cerca de conductores imprudentes que adelantan sin guardar las distancias o pisan mucho el acelerador. Pero no todo es malo, esto le ha servido para centrarse más en su bici de gravel: “… ahora paso más tiempo en la bici de gravel, explorando pistas y senderos en busca de paz y serenidad. He ido creando y mejorando varios itinerarios desde París. Los he compartido en mi perfil [de komoot] y a la gente le han gustado”.

En cuanto a Kelly, cuando sale con la MTB siente que es otra persona: “Desconfío de mi capacidad de rodar por senderos que antes hacía con la gorra o me pongo nerviosa en los tramos más empinados”. 

Pero no todo es tan negro. Tanto Sofiane como Kelly están progresando y poniendo en práctica sus propios consejos para seguir avanzando. Y hay algo más: el apoyo incondicional de los suyos.

Rodéate de gente dispuesta a ayudarte

Durante nuestras conversaciones [por email], los dos mencionaron a las personas que los han apoyado.  

En los momentos más duros de su recuperación, la pareja de Sofiane fue un pilar fundamental: “Mi novia estuvo conmigo durante todo el proceso, desde el hospital hasta las sesiones con el fisio y desde la farmacia hasta las revisiones con el cirujano. Pasar todo esto yo solo habría sido muchísimo más difícil”.

Sus seguidores también lo apoyaron a través de las redes: “Dos seguidores de IG (Marius de Alemania y Brian de Nueva Zelanda) que tuvieron la misma lesión que yo me contaron su experiencia. Fue genial tener información de primera mano de personas que habían pasado por lo mismo”.

A Kelly tampoco le falta apoyo. Su madre, su pareja y sus suegros le echan una mano con el niño cuando sale a rodar: esto incluye quedarse con él, pero también buscar sitios estratégicos para llevárselo a Kelly y que le dé el pecho a mitad de ruta.

También ayuda un montón salir a pedalear con amigos. Kelly asegura que “… ruta tras ruta, voy mejorando y pronto recuperaré la forma física. Salir en bici es más una cuestión social para ver a mis amigos, todo lo demás irá volviendo a la normalidad poco a poco”.

Ahora que ha pasado un tiempo, Sofiane y Kelly están de acuerdo en que, a veces, hay que bajarse de la bici una temporada, es inevitable. Pero todo se supera con paciencia, constancia y, como dirían los Beatles, “with a little help from my friends”. 

Síguelos en komoot para estar al tanto de sus aventuras: Este es el perfil de Kelly y este este el de Sofiane.

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